A prácticamente dos semanas de concluir el año, los estragos provocados por el virus del Covid-19  continúan sin disiparse. La incertidumbre gestada por tal afectación sanitaria sigue vigente, además  de ello, se ha esparcido a múltiples industrias y sectores. 

En esa línea, los niveles de precios alrededor del mundo han resentido con especial fuerza los desequilibrios que el coronavirus ha provocado en un cúmulo de mercados. Dicha coyuntura ha representado  un reto mayúsculo para la mayoría de los bancos centrales alrededor del orbe. 

En este contexto, la jornada del 15 de diciembre, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por  sus siglas en inglés) de la Reserva Federal (Fed) tomó la decisión de mantener la tasa de fondos federales en un rango de 0.0%-0.25% de manera unánime. 

Además de ello, la cabeza de la Fed, Jerome Powell, mencionó en conferencia de prensa que espera  que los niveles altos en la inflación continúen observándose en el siguiente año. 

Adicional a esto, el FOMC decidió acelerar la reducción mensual en la compra de activos del Tesoro  debido a los elevados niveles registrados en inflación y al continuo mejoramiento en el empleo. 

No obstante, se mencionó que se encuentran preparados para ajustar el ritmo de compras si se justifican por la dinámica en las perspectivas económicas. 

Dicha declaración destaca porque deja la puerta abierta a lo que se venía comentando con anterioridad y es que probablemente la Fed empiece con un ritmo de tapering más acelerado al pronosticado. Ante ello, y como hemos mencionado anteriormente, consideramos que el ciclo de normalización de política monetaria de la Reserva Federal comenzaría durante el 2022; sin embargo, esperamos que este se dé de manera ordenada y hacia la segunda mitad del año. Aunado a ello, la herramienta dotplot publicada por la Fed estima, por lo menos, tres incrementos hacia el próximo año. 

No obstante, es importante mencionar que lo anterior se encuentra sujeto a las próximas lecturas  inflacionarias y de empleo en tal economía. 

Al analizar las repercusiones que tendría tal escenario monetario en México, destaca, primeramente, la presión adicional, a la de la inflación, que se genera sobre Banxico, el cual ha empezado un endurecimiento más agresivo al esperado. 

En ese sentido, cabe señalar que, durante la jornada del jueves, la Junta de Gobierno del Banco de  México decidió, de manera sorpresiva y por mayoría, aumentar el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria en 50 p.b. para posicionarla en un nivel de 5.50% desde 5.0 por ciento. Cabe señalar que  no se hacía un movimiento al alza en esa magnitud desde febrero de 2017.

Dicho movimiento respondió, naturalmente, a la actual dinámica inflacionaria, la cual no cede terrero a pesar de los esfuerzos monetarios del banco central. 

Por ello, y por el compromiso de cumplir a cabalidad con su mandato, Banxico decidió mandar una  señal de mayor contundencia al mercado para anclar las expectativas de inflación de mediano y largo  plazos. 

De igual forma, el comunicado oficial publicado por Banxico mostró las actualizaciones que el órgano central realizó a sus pronósticos de inflación, las cuales dejan ver una contaminación en las expectativas de corto plazo y cierto traspaso a las de mayor plazo. 

Aunado a ello, esperan una convergencia a la meta puntual del 3% hasta el último trimestre del 2023. En dicho contexto, cuatro de los cinco miembros de la Junta de Gobierno decidieron aumentar el objetivo para la tasa de interés en 50 puntos base. 

El subgobernador Gerardo Esquivel votó por aumentar la tasa de interés en 25 p.b., lo anterior en línea  con su discurso de transitoriedad en la inflación y una correcta comunicación con el mercado. 

Consideramos que tiene cierto grado de sorpresa esta decisión. No obstante, en un ambiente de fuertes presiones inflacionarias y, dado el tono menos acomodaticio de la Fed, no resulta tan descabellado que la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno se hayan inclinado por ser más agresivos en  su restricción monetaria. 

Es importante mencionar que esta decisión tiene implicaciones no tan favorables en la comunicación  con el mercado, ya que distorsiona y vuelve poco predecibles las futuras acciones de política moneta ria, a diferencia de la Reserva Federal, la cual procura tener un robusto perfil de comunicación con el  mercado a fin de evitar, en la medida de lo posible, episodios de volatilidad en los mercados financieros. 

Es probable que el mercado hubiera tomado de mejor manera la unanimidad en un alza de 25 p.b. Para 2022, habrá que esperar la tan anhelada convergencia inflacionaria, además de ello, la incerti dumbre gestada por el sorpresivo nombramiento de la nueva gobernadora Victoria Rodríguez Ceja  cobrará especial relevancia toda vez que, claramente, fue una designación arbitraria. Si bien, la funcio naria ha hecho público su interés por velar por el mandato constitucional de Banxico.